domingo, 19 de junio de 2011


No hace falta que me digas eso de que pierdes la cabeza por él...

Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras, y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.

Pero además le he visto ser él mismo, y en serio que eso no se puede escribir...

Por eso, que me digas 'mírale cómo bebe las cervezas y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué fácil parece a veces que te guste'… eso ya me lo sé.

Todo eso de que puede llegar a ser ese único motivo y a la mierda con la autodestrucción... Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre.

Pero no sabes lo que es despertarte y que él se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

Así que supondrás que yo soy la primera que entiende que pierdas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y tu verdad por un mínimo roce de mejilla.

Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte... son algo con lo que ya cuento.

Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos.

Que yo también le veo, que cuando él camina por la acera sólo el tonto mira al cielo.

Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y hace ese gesto tan suyo.

Que no sólo no consigo hacerme la dura sino que no tengo narices a decirle que no a nada... Porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna.

Que le he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, le he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que le puso el camino y le he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana.

No me hables de paisajes si no has visto su cuerpo...



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