sábado, 28 de mayo de 2011

Pensión completa (pero sólo para ti)



Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse.
Ábreme bien
de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos.
Y hablando de ponerse, vete poniendo cómodo, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más.
Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez.

El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso.
El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de sopetón.

No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú.

Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve a entrar pasados unos minutos y discúlpame si es la única solución.

Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grad
o justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo.
Para a acabar, te he dejado un baño de príncipe, una cama de rey y un sofá de cuento. Para que los disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. Aquí no vienes a competir con nadie, sino a compartirte a mí.
El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar, y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos...




martes, 24 de mayo de 2011

El valor que no se ve...

Esta siempre será mi canción para días como hoy. La de veces que este tema me habrá sacado de mi hundimiento particular.

Gracias Dios por darnos la música.

Hay días en los que la vida se llena de porqués,
la esperanza se preocupa por quererlos resolver,
desconfías de la gente, del amor y piensas que
no es posible que se sufra más que tú.

Y esos días tú te rindes al mundo en torno a tí
para no sentir el miedo del valor que no se ve.
Y te sientes tan perdida que ya no puedes más,
sin la fuerza que te da la vida...

Busca una salida, un mañana que
cure las heridas que hay dentro de tí,
lucha por vivir, con ese valor que no se ve.

Equivocarse nunca importa, vuélvelo a intentar,
si una puerta se te cierra, otra puerta se abrirá.
Lo que en realidad importa es no renunciar jamás,
pues tal vez estés a un sólo paso...

Busca una salida, un mañana que
dé una nueva vida a todo el mundo que
luchará con fe, con ese valor que no se ve.

Por todos ellos, échale valor,
por quien lo pierde y lo va buscando,
por los que se sienten tan mal como tú,
por esos que esperan sin desesperar, como tú.

Busca una salida, un mañana que
dé una nueva vida a todo el mundo que
sólo por dolor no se pierda en el camino.

No te rindas nunca, busca en tu interior,
busca la salida, el mañana que
vuelves a tener dentro del valor que no se ve.



sábado, 21 de mayo de 2011

Y hay tanto que quiero decirte...


Me cuesta entender lo que quieres y lo que sientes. No logro saber cómo actuar contigo.
Si no te escribo me siento culpable porque sé que no estás en tu mejor momento, y si lo hago me siento mal porque no quiero agobiarte (porque es tuya la frase de la que las mujeres siempre queremos algo más, pero yo voy a hacer mía la frase de que los hombres os agobiáis demasiado pronto).
Sé que no leerás esto y ni te enterarás que existe esta entrada, pero sería feliz si supieras lo que quiero....
Quiero que entiendas que lo último que quiero en el mundo es que te sientas mal por algo que yo pueda hacer.
Quiero que sepas que eres importante para mí.
Me encantaría poder decirte que te necesito.
Que me encanta que hagas planes todos los días porque no quiero que te quedes en casa, y que me gustaría verte al menos una vez a la semana, aunque sean dos minutos, pero verte.
Que cuando estoy en clase esperando que me contestes a algo y no lo haces, desconecto porque pienso que puedes tener un día malo y yo no voy a estar.
Quiero vivir el presente y quiero que ninguno de los dos piense en lo que puede salir mal, sino en lo que podemos ganar.
Quiero que sepas que te agradezco que salgas siempre con nosotros aunque a aveces no tengas demasiadas ganas. Mi cumple no hubiese sido lo mismo sin tí...
Me gustaría que supieras que adoro que alguien comparta mis gustos musicales (al menos la mayoría de ellos).
Que me gusta tu forma de ser, que seas tan tú... tan tranquilo, tan atento y tan pasota al mismo tiempo.
Pero también me gustaría que supieras que me desconciertas.
Que no me explico que estés bien conmigo un día y que dos semanas después no hayas sacado siquiera un rato para que nos tomemos algo, para que nos tiremos en el Retiro, para que nos veamos... o que no hayas tenido ni tan sólo un minuto para contestarme a un mensaje.
Pero como te conozco un poco, sé que eso es parte de tu personalidad, así que imagino que en el fondo me gusta.
Y por último me gustaría que te vieses como te ven los demás, o al menos, como te veo yo, te querrías mucho más, te lo aseguro.
Y que me encanta que seas mi amigo, eso por encima de todo...